Dios se revela a Elías en un viento suave, casi un susurro. No en el huracán ni en el fuego ni en el terremoto. Aprendamos que Dios se revela en el silencio. El silencio no es mera ausencia de ruidos sino descubrimiento de una presencia, la presencia más real y verdadera de todas. “Recógete, busca a Dios en ti y escúchale”. Para esta meta, el silencio es imprescindible.