Somos sarmientos de la Vid, que es Cristo. Estamos unidos a Él y unidos entre nosotros: es el dogma de la Comunión de los Santos. En ella recibimos los méritos de Cristo, de la Santísima Virgen y de los santos, pero al mismo tiempo tenemos la responsabilidad de aportar gracia abundante. María, el miembro más eminente del Cuerpo místico de Cristo, es la medianera que nos hace llegar las gracias.