En el pasado, habló Dios a nuestros padres por medio de los profetas; últimamente nos ha hablado a través de Jesucristo (Hebreos 1, 1). Los hebreos conversos tenían la tentación de volver al Templo y a las prácticas judías, y a lo largo de esta carta el autor les suplica que mantengan los ojos en Jesús. Aunque nosotros no tengamos esa tentación, si corremos el riesgo de volver nuestra mirada a algo que no sea Jesús.