Como Iglesia, necesitamos permanecer firmes en la sana doctrina y cerca de Jesús, para no ser confundidos por enseñanzas que se ven espirituales, pero que terminan confundiendo, alejándonos de la verdad y del corazón de Dios. Cuando permanecemos cerca de Él y firmes en Su Palabra, podemos discernir con claridad y no dejarnos mover de la verdad que Él ya nos mostró.