"Jesús nunca envejece, pero nosotros sí"
La verdadera juventud no depende de la edad, sino de la capacidad de seguir aprendiendo, creciendo y adaptándose a lo que Dios quiere hacer hoy.
No hay que quedarnos atrapados en lo que funcionó ayer, sino a mantener un corazón enseñable, abierto a nuevas ideas y dispuestos a seguir siendo relevantes para alcanzar la siguiente generación.