La Plaza de Cibeles en Madrid acoge la multitudinaria celebración del Corpus Christi, presidida por el Papa. La jornada inicia con una misa solemne, donde se emplea el histórico Cáliz de la Reina. La comunión se distribuye a más de un millón de personas, organizada por ministros y voluntarios que guían a los fieles con paraguas blancos. Después, la procesión eucarística recorre la calle de Alcalá. El Papa, bajo un palio, porta la custodia con el Santísimo Sacramento, acompañado por obispos, sacerdotes, niños de primera comunión y laicos. Los fieles, arrodillados y con fervor, lanzan pétalos de flores al paso de la custodia sobre alfombras de claveles. El Papa subraya que esta festividad es una manifestación de la fe viva en Cristo resucitado, no un mero adorno. Él invita a la conversión, a superar el egoísmo y la indiferencia, y a construir un mundo nuevo. La atmósfera es de profundo recogimiento, devoción y emoción, con los asistentes atentos a la liturgia y al paso del Santísimo, ...