En España hay veces que se dice "dejen en paz a los muertos", como si identificar los cuerpos de nuestros seres queridos fuera un capricho y no una necesidad de la dignidad humana y un rito indispensable para cerrar un duelo. De esto da cuenta Antonio Alonso cuando dice que muchas familias cuyos familiares lucharon en el bando franquista piden a los genetistas forenses que identifiquen sus restos, enterrados en las fosas comunes de Cuelgamutos. Esta realidad debería explciarse más en nuestro país.
Alonso es doctor en bioquímica y biología molecular y también uno de los grandes sabios que tiene nuestro país en genética forense. Ha sido director, entre 2019 y 2024, del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias forenses, y acaba de publicar, en la editorial Crítica, "La huella invisible, cómo el ADN cambió la historia de la justicia en España", en el que repasa y explica 8 casos fundamentales de nuestra historia que son también una especie de memorias profesionales. Por ejemplo, el de los bebés robados, que ha sido noticia hoy porque él y su equipo han contribuido a demostrar que, si bien se vulneraron los derechos de muchas mujeres durante todo el franquismo y hasta bien entrada la democracia, por ejemplo en instituciones como el Patronato de Protección a la Mujer, no existió en España una trama sistemática de bebés robados. Eso fue más bien un bulo amplificado por cierto tipo de periodismo. A pesar de esto, en la mayoría de los casos que Alonso cuenta en el libro, el periodismo de investigación ha sido clave para su trabajo y contribuido al esclarecimiento de la verdad, por ejemplo a la hora de establecer lo que verdaderamente sucedió en el YAK-42 o en el 11-M.
En cuanto a las series (sí, de broma a Antonio Alonso a veces lo han llamado Grissom), el retrato que hacen del trabajo de un genetista forense no es en absoluto realista, pero es cierto que estas ficciones han despertado muchísimas vocaciones en genética, ciencias forenses y criminalística.