La historia de Norton I, el emperador autoproclamado de los Estados Unidos y protector de México, es una fascinante y poco conocida anécdota del siglo XIX.
Norton, un próspero hombre de negocios que se arruinó en especulaciones con el arroz, desapareció durante un tiempo y luego reapareció en San Francisco, donde comenzó a enviar cartas a los periódicos criticando la corrupción y el mal gobierno. Finalmente, se autoproclamó emperador y, sorprendentemente, fue ampliamente aceptado y respetado por la población de San Francisco, que lo veía como un símbolo de la ciudad.
Norton llegó a acuñar su propia moneda, a pasar revista a las tropas y a proponer incluso la construcción de un puente colgante donde hoy se encuentra el puente Golden Gate. Cuando falleció, se le hizo un funeral casi de estado, y hoy en día se le recuerda con un monolito en uno de los cementerios de San Francisco.
Esta historia singular y fascinante, que muestra cómo una persona puede llegar a convertirse en un símbolo de una ciudad, ha sido rescatada y divulgada por el investigador Carlos Montero a través de su canal de YouTube "Expediente Cero".
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